La campaña nacional «Mira con el Corazón» ha permitido atender inicialmente a 1.052 familias afectadas por lluvias, inundaciones y otras emergencias en distintas regiones del Perú. Mediante la participación ciudadana, las donaciones y el trabajo de las Cáritas Diocesanas, la organización ha movilizado alimentos, artículos esenciales y brigadas de socorristas para acompañar la recuperación de las comunidades.
Detrás de cada emergencia existen familias que enfrentan la pérdida de sus pertenencias, el deterioro de sus viviendas y la incertidumbre de recuperar sus condiciones de vida. Frente a esta realidad, Cáritas del Perú continúa desarrollando acciones de asistencia humanitaria mediante los recursos reunidos en la Colecta Nacional «Mira con el Corazón» 2025, una iniciativa que demuestra cómo la solidaridad ciudadana puede transformarse en apoyo concreto para las comunidades más vulnerables.
De acuerdo con el balance difundido por la organización, la campaña permitió atender inicialmente a 1.052 familias afectadas por lluvias intensas, inundaciones y otros acontecimientos que comprometieron sus condiciones de seguridad y bienestar. La respuesta contempló el envío de 4,7 toneladas de ayuda humanitaria, distribuidas mediante una red de organizaciones diocesanas presentes en diferentes territorios del país.
Entre los artículos entregados se encuentran alimentos, agua, productos de higiene, implementos de limpieza, suministros para madres y lactantes, prendas de abrigo y calzado. También se incluyeron herramientas como picos, palas y carretillas, además de luminarias solares, destinadas a facilitar determinadas labores de recuperación y responder a necesidades básicas de los hogares afectados.
La diversidad de estos recursos refleja que las consecuencias de una emergencia no se limitan a los daños materiales inmediatos. Cuando una vivienda resulta afectada, sus habitantes también pueden enfrentar dificultades para preparar alimentos, mantener condiciones adecuadas de higiene, desplazarse con seguridad o desarrollar actividades cotidianas.
La asistencia fue canalizada mediante 13 Cáritas Diocesanas, con intervenciones en Arequipa, Caravelí, Chiclayo, Ayacucho, Ayaviri, Huancayo, Ica, Piura, Pucallpa, Requena y Selva Central, además de acciones específicas en Chimbote y Carabayllo.
En Chimbote, la organización respondió a necesidades originadas por un sismo, mientras que en Carabayllo brindó apoyo a familias afectadas por un incendio urbano. Estas intervenciones muestran que la red humanitaria no se limita a un solo tipo de desastre, sino que procura atender situaciones de vulnerabilidad según las necesidades identificadas en cada localidad.
Uno de los componentes relevantes de la campaña es la implementación de diez brigadas de socorristas, equipadas para colaborar con las comunidades en la rehabilitación de viviendas y espacios compartidos. Su participación permite complementar la distribución de bienes con actividades orientadas a recuperar progresivamente las condiciones de habitabilidad.
Este trabajo adquiere especial importancia porque, después de una inundación o un deslizamiento, las familias pueden necesitar apoyo para retirar materiales acumulados, limpiar sus hogares y restablecer espacios indispensables para la convivencia. En esas circunstancias, la colaboración organizada contribuye a enfrentar tareas que muchas personas no pueden realizar por sus propios medios.
La presencia territorial de las Cáritas Diocesanas constituye una fortaleza para identificar necesidades y articular respuestas cercanas a la población. Su vinculación con parroquias, organizaciones comunitarias y voluntarios facilita el contacto con familias que requieren asistencia, especialmente en localidades donde las dificultades de acceso pueden retrasar la llegada de recursos.
El esfuerzo también se sostiene en los aportes ciudadanos. Según el Reporte Anual 2025 de Cáritas del Perú, la colecta «Mira con el Corazón» reunió 351.376,30 soles, recursos que permitieron impulsar sus primeras acciones de respuesta humanitaria.
Este resultado forma parte de una labor institucional de mayor alcance. Durante 2025, Cáritas informó que sus diferentes programas y actividades beneficiaron a más de 205.000 familias en situación de vulnerabilidad, mientras que 22.965 hogares afectados por emergencias recibieron apoyo mediante diversas intervenciones.
Estas cifras corresponden al conjunto de actividades desarrolladas por la institución y no deben sumarse automáticamente a los resultados de la colecta, ya que representan ámbitos de atención diferentes y podrían comprender beneficiarios de distintas iniciativas.
Desde una perspectiva social, la experiencia demuestra que la asistencia humanitaria requiere algo más que disponer de donaciones. Su efectividad depende de identificar oportunamente a las personas afectadas, organizar el traslado de recursos y coordinar su entrega conforme a las necesidades de cada comunidad.
En el Perú, estas acciones se desarrollan en un contexto donde las emergencias por lluvias, inundaciones, movimientos sísmicos y otros fenómenos naturales exigen capacidades permanentes de preparación y respuesta. El Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) cumple funciones de coordinación técnica en la gestión reactiva del riesgo de desastres, mientras que las organizaciones sociales y humanitarias pueden aportar capacidades complementarias de asistencia.
La colaboración entre instituciones públicas, entidades privadas y organizaciones comunitarias resulta especialmente relevante durante la etapa posterior a una emergencia, cuando las familias necesitan recuperar sus actividades, reparar daños y reconstruir sus redes de apoyo.
En ese proceso, las mujeres, las personas mayores, los niños y quienes presentan dificultades de movilidad pueden requerir medidas de atención diferenciadas. La disponibilidad de artículos de higiene, abrigo y suministros destinados al cuidado infantil constituye una parte importante de una respuesta que considere las necesidades concretas de las personas.
La labor de las brigadas también pone de relieve el valor del voluntariado y de la participación comunitaria. Cuando los propios habitantes colaboran en la recuperación de sus espacios, se fortalecen los vínculos sociales y la capacidad colectiva para enfrentar situaciones adversas.
Sin embargo, la asistencia de emergencia no reemplaza las políticas de prevención, la inversión en infraestructura segura ni las medidas destinadas a reducir la exposición de las comunidades a futuros desastres. La recuperación sostenible requiere continuidad institucional y acciones que permitan disminuir las condiciones de vulnerabilidad.
La Colecta Nacional «Mira con el Corazón» demuestra que los aportes solidarios pueden convertirse en alimentos, herramientas, abrigo y acompañamiento para familias que atraviesan momentos difíciles. Su importancia no reside únicamente en la cantidad de ayuda movilizada, sino también en la capacidad de acercarla a quienes enfrentan las consecuencias de una emergencia.
La experiencia de Cáritas del Perú recuerda que la solidaridad adquiere su mayor valor cuando se transforma en una responsabilidad compartida. En cada comunidad que recibe apoyo existe una oportunidad para recuperar la esperanza, fortalecer la organización social y avanzar hacia condiciones de vida más seguras y dignas. (JJHC)
