El cooperativismo en el mundo: Una fuerza económica y social que abre nuevas oportunidades para Sudamérica

Desde las grandes organizaciones agrícolas de India hasta las experiencias industriales de España y los sistemas financieros cooperativos de Europa, millones de personas han demostrado que la cooperación puede convertirse en una herramienta de desarrollo económico y bienestar colectivo. Estos modelos internacionales ofrecen enseñanzas para Chile, Perú, Bolivia y Argentina, donde el fortalecimiento de las organizaciones cooperativas podría contribuir a generar empleo, mejorar la producción y ampliar las oportunidades de integración regional.

En diferentes regiones del mundo, el cooperativismo ha demostrado que es posible desarrollar organizaciones económicamente competitivas mediante la participación de las personas, la propiedad compartida y la gestión democrática. Lejos de constituir una experiencia limitada a pequeñas comunidades, este modelo participa actualmente en sectores estratégicos como agricultura, industria, comercio, servicios financieros, vivienda y energía, ofreciendo alternativas de organización que combinan objetivos empresariales con responsabilidades sociales.

Según la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), existen aproximadamente tres millones de cooperativas en el mundo, con más de mil millones de personas asociadas. Su importancia económica también resulta significativa: el Monitor Cooperativo Mundial 2025 señala que las 300 mayores organizaciones cooperativas y mutuales registraron una facturación conjunta de 2,79 billones de dólares durante 2023. Estas cifras reflejan que la cooperación constituye una realidad empresarial de alcance internacional y no solamente una propuesta de desarrollo comunitario.

Uno de los ejemplos más representativos se encuentra en España, donde la Corporación Mondragón, originada en el País Vasco, ha desarrollado un modelo de organización empresarial que integra actividades industriales, comerciales, financieras y educativas. Su experiencia demuestra la importancia de relacionar el trabajo asociado con la innovación, la formación profesional y la capacidad de competir en mercados internacionales. Aunque su estructura responde a condiciones históricas particulares, ofrece enseñanzas sobre la articulación entre empresas cooperativas y desarrollo territorial.

En Francia, el grupo Crédit Agricole representa una experiencia destacada de banca con raíces cooperativas, mientras que en Alemania, REWE Group demuestra la presencia de estas estructuras en el comercio y la distribución. Ambas organizaciones figuran entre los grandes actores económicos considerados por el Monitor Cooperativo Mundial. Sus trayectorias permiten observar que el cooperativismo puede alcanzar dimensiones empresariales importantes cuando dispone de sistemas profesionales de administración, mecanismos de financiamiento y estrategias sostenidas de crecimiento.

India ofrece otra experiencia relevante mediante Amul, una organización cooperativa vinculada con la producción y comercialización de productos lácteos. Su desarrollo ha permitido articular a numerosos productores mediante sistemas de recolección, procesamiento y distribución. Este modelo demuestra cómo la organización colectiva puede contribuir a que pequeños productores participen en cadenas comerciales de mayor escala, incorporando tecnología, estándares de calidad y mecanismos de comercialización compartida.

En Nueva Zelanda, Fonterra constituye una referencia internacional del cooperativismo agroindustrial, particularmente por su capacidad de integrar producción lechera, procesamiento y participación en mercados externos. Su experiencia evidencia que la cooperación entre productores puede favorecer economías de escala y una mayor capacidad comercial. Sin embargo, también recuerda que las grandes organizaciones cooperativas enfrentan riesgos empresariales y necesitan mantener una gestión rigurosa para preservar su sostenibilidad.

Estas experiencias internacionales ofrecen oportunidades de aprendizaje para Sudamérica, donde el cooperativismo posee una trayectoria importante, aunque presenta diferencias en sus niveles de desarrollo, sectores económicos y marcos regulatorios. Chile cuenta con organizaciones vinculadas con servicios, producción, ahorro y crédito; Perú posee experiencias destacadas en cooperativas agrarias; Bolivia mantiene una presencia cooperativa significativa en servicios, producción y minería; mientras Argentina dispone de una amplia tradición en cooperativas de trabajo, servicios públicos y actividades agropecuarias.

La principal oportunidad no consiste en reproducir mecánicamente los modelos europeos o asiáticos, sino en identificar sus prácticas más útiles y adaptarlas a las realidades sudamericanas. La comercialización conjunta, la incorporación tecnológica, el acceso a financiamiento, la formación de dirigentes y la profesionalización administrativa podrían contribuir a fortalecer organizaciones existentes y facilitar nuevas iniciativas productivas. Estas posibilidades adquieren especial importancia para pequeños productores, trabajadores y comunidades que buscan mejorar su participación económica.

La integración entre Chile, Perú, Bolivia y Argentina también merece atención. Sus vínculos territoriales, culturales y comerciales ofrecen condiciones para explorar acuerdos de cooperación, intercambio de experiencias y proyectos complementarios. La producción agroalimentaria, los textiles, el turismo comunitario y los servicios representan ámbitos donde podrían desarrollarse iniciativas compartidas, siempre que existan estudios de viabilidad y respeto por las legislaciones nacionales.

No obstante, las experiencias internacionales también enseñan que el éxito cooperativo no surge únicamente de reunir personas alrededor de un objetivo común. Requiere conocimientos, transparencia, planificación, responsabilidad financiera y participación democrática. La educación de socios y dirigentes constituye, por tanto, una condición esencial para transformar la cooperación en organizaciones capaces de mantenerse y desarrollarse.

El cooperativismo mundial demuestra que la colaboración puede adquirir una dimensión económica significativa sin abandonar necesariamente sus principios de participación y beneficio colectivo. Para Sudamérica, el desafío consiste en aprovechar estas enseñanzas, fortalecer sus propias capacidades y reconocer que el desarrollo cooperativo depende tanto de las oportunidades productivas como de la preparación de las personas. El futuro de la cooperación regional podría comenzar precisamente allí: en organizaciones que aprenden, se fortalecen y descubren que trabajar conjuntamente permite alcanzar objetivos que individualmente resultarían más difíciles.

Fuente: Universidad del Liderazgo de Gobierno – ULG

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