Con un intercambio de bienes que alcanzó los US$ 3.770 millones en 2025, ambos países conmemoraron en Lima dos décadas desde la firma de su Acuerdo de Libre Comercio. La visita oficial de la subsecretaria chilena Paula Estévez abrió nuevas conversaciones sobre servicios, inversiones, conectividad e integración energética. El desafío ahora es que esta relación también fortalezca a las pequeñas empresas, el emprendimiento femenino y las economías de las regiones fronterizas.
Chile y Perú conmemoraron veinte años desde la firma de su Acuerdo de Libre Comercio (ALC), un instrumento que ha contribuido a ampliar el intercambio comercial, fortalecer las inversiones y consolidar una relación económica que hoy enfrenta el desafío de avanzar hacia nuevas formas de integración productiva, tecnológica y territorial.
La conmemoración se desarrolló en Lima durante una visita oficial de la subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales de Chile, Paula Estévez, quien sostuvo reuniones con autoridades peruanas y representantes del sector empresarial, además de participar en actividades orientadas a evaluar los resultados del acuerdo y sus perspectivas futuras.
La agenda incluyó un encuentro organizado por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú (Mincetur), en el que se presentaron antecedentes sobre los beneficios de la relación comercial bilateral y se analizaron oportunidades para ampliar la cooperación económica.
En la actividad participaron la viceministra de Comercio Exterior del Perú, Sayuri Bayona, y el presidente de la Cámara de Comercio Peruano-Chilena, Juan Carlos Fisher, quienes compartieron un espacio de diálogo sobre los avances alcanzados y los desafíos pendientes.
Durante su intervención, Estévez destacó que las condiciones actuales permiten proyectar una nueva etapa de cooperación, especialmente en áreas que han adquirido creciente importancia para las economías de ambos países.
“A veinte años de la firma del acuerdo, tenemos la oportunidad de proyectar una nueva etapa con la misma disposición al diálogo que ha permitido sostener esta trayectoria”, señaló la autoridad chilena, quien también destacó la posibilidad de seguir profundizando una relación que ha experimentado un crecimiento considerable durante las últimas dos décadas.
El acuerdo fue suscrito en Lima el 22 de agosto de 2006 y entró en vigor el 1 de marzo de 2009. Su origen se encuentra en el Acuerdo de Complementación Económica N.º 38, firmado en 1998 bajo el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).
Este antecedente permite comprender que la integración comercial entre Chile y Perú no comenzó en 2006, sino que corresponde a un proceso más prolongado de apertura económica y reducción gradual de barreras al intercambio.
Según los registros oficiales de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (SUBREI), el comercio bilateral de bienes alcanzó los US$ 3.770 millones durante 2025, cifra que representa un crecimiento del 5,8 % respecto del año anterior.
Desde 1998, el intercambio comercial entre ambos países ha registrado una tasa promedio de crecimiento anual cercana al 8 %, reflejando la expansión de una relación que involucra actividades productivas, servicios, transporte, inversiones y cadenas de abastecimiento.
La liberalización arancelaria constituye uno de los principales resultados del proceso. El calendario de desgravación concluyó en 2016, permitiendo que el comercio bilateral de mercancías quedara libre de aranceles conforme a las condiciones y reglas de origen establecidas en el acuerdo.
Sin embargo, la eliminación de los aranceles no significa que todas las operaciones comerciales estén exentas de impuestos internos, requisitos sanitarios, procedimientos aduaneros u otras regulaciones aplicables en cada país.
La relación también presenta resultados relevantes para las empresas chilenas. Durante 2025, un total de 2.457 compañías nacionales exportaron hacia Perú, convirtiéndolo en el destino internacional que concentra el mayor número de empresas exportadoras chilenas.
Este indicador resulta especialmente significativo porque demuestra que la vinculación económica bilateral no se limita exclusivamente a grandes compañías, sino que también ofrece oportunidades para empresas de distintos tamaños y sectores productivos.
En materia de servicios no tradicionales, Perú se posicionó como el segundo destino de las exportaciones chilenas, con operaciones por US$ 587 millones durante 2025.
Este ámbito constituye una de las áreas que las autoridades buscan potenciar, considerando las oportunidades existentes en servicios profesionales, tecnologías, ingeniería, asesorías especializadas y otras actividades que pueden comercializarse internacionalmente sin requerir necesariamente el transporte físico de mercancías.
La inversión representa otro componente fundamental de la relación bilateral.
De acuerdo con los antecedentes difundidos por SUBREI, Perú ocupa el tercer lugar entre los destinos de los capitales chilenos en el exterior, con un stock de inversión de US$ 12.493 millones.
Por su parte, la inversión peruana en Chile alcanzó durante 2025 un máximo histórico de US$ 1.116 millones, reflejando la existencia de una relación económica de doble dirección.
Estas cifras corresponden a posiciones de inversión y no deben confundirse con flujos anuales de capital ni sumarse directamente al intercambio comercial de bienes.
Durante las reuniones oficiales, las autoridades abordaron nuevas posibilidades de cooperación en facilitación del comercio, exportación de servicios, conectividad e integración eléctrica.
La integración energética constituye una perspectiva de especial interés para ambos países, considerando la importancia de fortalecer la seguridad de suministro, mejorar la eficiencia de los sistemas y explorar oportunidades de complementariedad en el desarrollo de infraestructura.
No obstante, avanzar hacia una mayor integración eléctrica requerirá evaluaciones técnicas, acuerdos regulatorios, inversiones y decisiones coordinadas entre los organismos competentes.
La agenda bilateral también incorporó el papel de plataformas multilaterales que ambos países comparten, como la Alianza del Pacífico y el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, conocido como CPTPP.
Estos mecanismos permiten ampliar las posibilidades de cooperación comercial y facilitar la vinculación con otros mercados internacionales, especialmente en la región Asia-Pacífico.
La relación entre Chile y Perú posee, además, una dimensión territorial que adquiere particular importancia en el norte de ambos países.
Las regiones chilenas de Arica y Parinacota y Tarapacá mantienen vínculos históricos, familiares, culturales y comerciales con el sur peruano, especialmente con Tacna, Moquegua y Arequipa.
En estos territorios, la integración económica no se expresa únicamente mediante grandes cifras nacionales, sino también a través del transporte terrestre, el comercio de servicios, el turismo, los emprendimientos y las actividades de pequeñas y medianas empresas.
Por esta razón, una nueva etapa de cooperación bilateral podría encontrar oportunidades en la modernización de los procedimientos fronterizos, el mejoramiento de la conectividad y la generación de condiciones que faciliten la participación de actores económicos regionales.
Chile y Perú cuentan con instrumentos específicos que complementan su relación comercial, entre ellos el Convenio de Transporte de Pasajeros por Carretera entre Tacna y Arica y el sistema de control integrado fronterizo Chacalluta–Santa Rosa.
Estos mecanismos reflejan que la integración entre ambos países también requiere soluciones prácticas para la movilidad de personas y el funcionamiento cotidiano de sus zonas fronterizas.
La posibilidad de avanzar en procedimientos más eficientes, mejores servicios logísticos y una mayor coordinación institucional representa un ámbito relevante para fortalecer los beneficios territoriales del intercambio comercial.
Otro aspecto destacado de la visita oficial fue la participación de Paula Estévez en el III Encuentro Binacional de Mujeres Líderes Chile–Perú, organizado por la Embajada de Chile en Lima.
La actividad reunió a empresarias y autoridades de ambos países para examinar las oportunidades que ofrece el comercio internacional al emprendimiento femenino.
El encuentro forma parte de un proceso de cooperación que tuvo versiones anteriores en Lima, en 2022, y Santiago, en 2024.
Durante su intervención, la subsecretaria destacó que la política comercial debe traducirse en oportunidades concretas para la ciudadanía, mediante mayor crecimiento, empleo y prosperidad.
También enfatizó la necesidad de ampliar la participación de empresas lideradas por mujeres en los mercados internacionales.
Este objetivo adquiere relevancia en un contexto donde numerosas emprendedoras enfrentan dificultades relacionadas con el acceso a financiamiento, información comercial, redes de distribución y capacidades para desarrollar operaciones internacionales.
Fortalecer su participación requiere no solamente acuerdos entre gobiernos, sino también instrumentos de capacitación, acompañamiento empresarial y acceso a información que permitan aprovechar las oportunidades disponibles.
La visita contó asimismo con la participación del embajador de Chile en Perú, Milenko Skoknic, quien valoró los avances alcanzados durante las últimas dos décadas y destacó que la relación bilateral se ha extendido hacia ámbitos que superan lo estrictamente económico.
El diplomático planteó que el desafío actual consiste en proyectar conjuntamente los próximos veinte años de cooperación, reconociendo las posibilidades de continuar fortaleciendo los intercambios entre ambas sociedades.
Este planteamiento adquiere particular significado al considerar que Chile y Perú mantienen una relación histórica que comprende dimensiones culturales, migratorias, educativas y sociales, además de sus vínculos comerciales.
La evolución de estos espacios demuestra que la cooperación entre países vecinos puede desarrollarse mediante objetivos compartidos, respetando sus respectivas instituciones, intereses nacionales y particularidades territoriales.
Como continuación de las actividades conmemorativas, SUBREI anunció que durante diciembre realizará en Santiago un seminario dedicado a examinar los resultados de la relación comercial bilateral.
La institución también tiene previsto publicar un estudio sobre las dos décadas transcurridas desde la firma del acuerdo, con el propósito de evaluar sus efectos e identificar oportunidades para la siguiente etapa.
La publicación de estos antecedentes permitirá contar con nuevos elementos para analizar el desempeño de los distintos sectores económicos y las posibilidades de ampliar la participación de empresas y territorios.
A veinte años de la firma del Acuerdo de Libre Comercio, Chile y Perú presentan una relación económica consolidada, respaldada por cifras de intercambio, inversiones y participación empresarial.
Sin embargo, el desafío de los próximos años será avanzar desde la expansión comercial hacia una integración que incorpore mayor innovación, cooperación tecnológica, conectividad y oportunidades para los sectores productivos regionales.
La experiencia de estas dos décadas demuestra que los acuerdos comerciales pueden abrir mercados y facilitar inversiones, pero su contribución al desarrollo también depende de la capacidad de los países para transformar esas oportunidades en beneficios concretos para sus habitantes. En la nueva etapa que Chile y Perú comienzan a proyectar, las regiones fronterizas, las pequeñas empresas y las mujeres emprendedoras pueden desempeñar un papel fundamental para que la integración económica se traduzca en una cooperación más amplia, equilibrada y cercana a las necesidades de ambas sociedades.
