Con una concurrida presentación en Santiago, Marco Enríquez-Ominami y Daniel Flores Cáceres dieron a conocer una obra que examina cómo los relatos, las emociones, los algoritmos y la inteligencia artificial están transformando la comunicación política. El encuentro reunió a representantes del mundo académico y político de Chile y Perú, planteando interrogantes sobre el futuro de la democracia y la capacidad de la ciudadanía para comprender los mensajes que influyen en sus decisiones.
En tiempos en que suele cuestionarse el interés ciudadano por la política, la presentación del libro Espejo para príncipes: Una guía de comunicación política para asesores, candidatos y votantes ofreció una señal diferente. La Librería Gonzalo Rojas del Fondo de Cultura Económica, en Santiago, recibió el pasado 22 de octubre a un numeroso público que participó en un encuentro dedicado a reflexionar sobre las nuevas formas de construir liderazgos, comunicar ideas y relacionarse con la sociedad.
La actividad, realizada en Paseo Bulnes 152, contó con la participación de los analistas políticos Daniel Mansuy y Patricio Navia, junto al excandidato presidencial peruano Roberto Sánchez. La conversación fue moderada por la diputada Consuelo Veloso, en una instancia que reunió distintas experiencias y perspectivas sobre los desafíos de la comunicación política contemporánea.
Según los antecedentes difundidos por los organizadores, la convocatoria superó las 200 personas. Más allá de la asistencia, el encuentro permitió situar una pregunta de creciente importancia para las democracias: ¿cómo se construye hoy la confianza ciudadana cuando buena parte del debate público transcurre mediante plataformas digitales, mensajes breves y contenidos seleccionados por algoritmos?
La obra fue escrita por Marco Enríquez-Ominami, cineasta, licenciado en Filosofía y figura de amplia trayectoria política en Chile, junto con Daniel Flores Cáceres, antropólogo de la Universidad de Chile y doctor en Humanidades por la Universidad de Leiden. Ambos combinan experiencias provenientes de la actividad política, la investigación y el análisis de los procesos comunicacionales.
Publicado por el Fondo de Cultura Económica en su Colección Popular, el libro tiene 164 páginas y propone examinar la política electoral desde una dimensión que supera los resultados de las encuestas, los discursos y las estrategias de campaña. Su planteamiento central es que las disputas políticas también se desarrollan mediante historias, símbolos, emociones y representaciones capaces de influir en la percepción de los ciudadanos.
Los autores recurren a referencias que van desde Nicolás Maquiavelo y William Shakespeare hasta fenómenos contemporáneos como TikTok, Harry Potter y las campañas de José Antonio Kast, Javier Milei y Donald Trump. Esta combinación busca relacionar las antiguas reflexiones sobre el poder con las nuevas condiciones tecnológicas y culturales que caracterizan la comunicación pública.
El título establece un vínculo con la tradición de los textos destinados a orientar a quienes ejercen el poder. Sin embargo, Espejo para príncipes no se presenta como un manual técnico para ganar elecciones, sino como una invitación a comprender los mecanismos mediante los cuales se construyen las narrativas políticas y se establece una relación entre candidatos, asesores y electores.
Uno de los temas relevantes es la transformación de las campañas electorales. Durante décadas, los partidos políticos, los medios de comunicación y las organizaciones sociales desempeñaron un papel central en la transmisión de propuestas y en la formación de opiniones. Actualmente, ese escenario convive con plataformas digitales capaces de distribuir contenidos de manera inmediata y alcanzar audiencias que no necesariamente participan en los espacios tradicionales de deliberación.
Esta transformación ofrece oportunidades para ampliar la participación, pero también plantea desafíos relacionados con la calidad de la información, la circulación de contenidos engañosos y la creciente personalización de los mensajes políticos.
Los algoritmos utilizados por las plataformas digitales influyen en la selección y visibilidad de los contenidos que reciben los usuarios. Aunque estas herramientas pueden facilitar el acceso a información de interés, también pueden reforzar preferencias previas y limitar el encuentro con perspectivas diferentes.
La incorporación de inteligencia artificial añade nuevas posibilidades para producir, adaptar y distribuir mensajes. Al mismo tiempo, exige fortalecer la transparencia sobre el origen de los contenidos y desarrollar capacidades ciudadanas para distinguir entre información verificable, opinión, publicidad política y materiales manipulados.
Desde esta perspectiva, el debate sobre comunicación política deja de ser una preocupación exclusiva de candidatos y asesores. También involucra a periodistas, educadores, organizaciones sociales y ciudadanos que necesitan comprender cómo se forman las percepciones públicas y qué factores influyen en sus decisiones.
La participación de Daniel Mansuy y Patricio Navia aportó al encuentro una dimensión académica vinculada con el análisis político chileno, mientras que la presencia de Roberto Sánchez permitió incorporar una perspectiva latinoamericana. La diversidad de trayectorias de los participantes reflejó la posibilidad de abordar la comunicación política como un fenómeno que merece discusión más allá de las diferencias partidarias.
La publicación también adquiere relevancia por su sello editorial. Fundado en México en 1934, el Fondo de Cultura Económica ha desarrollado una extensa labor de difusión de obras literarias, históricas, filosóficas y de ciencias sociales. Su presencia en Chile, mediante publicaciones, librerías y actividades culturales, forma parte de una tradición de promoción de la lectura y circulación de ideas en Iberoamérica.
La edición de Espejo para príncipes se encuentra disponible en librerías chilenas desde el 10 de octubre y también cuenta con una versión digital. Su incorporación a la Colección Popular facilita que las reflexiones sobre comunicación y democracia lleguen a públicos distintos del ámbito estrictamente académico.
El interés que despertó su presentación permite reconocer que existe espacio para discutir la política desde una perspectiva cultural e intelectual. Sin embargo, una convocatoria numerosa no demuestra por sí sola una recuperación general del interés ciudadano por las instituciones políticas. Constituye, más bien, una expresión concreta de disposición al diálogo en torno a un tema que afecta la vida pública.
La principal contribución de este debate radica en reconocer que comunicar no equivale necesariamente a informar. Un mensaje puede ser eficaz para captar atención o movilizar emociones sin ofrecer antecedentes suficientes para comprender un problema. Por ello, la responsabilidad de quienes participan en la comunicación política debe considerar no solamente la capacidad de persuadir, sino también el respeto por los hechos y la autonomía de los ciudadanos.
En una democracia, los relatos son inevitables porque las sociedades necesitan interpretar su historia, comprender sus conflictos y proyectar aspiraciones compartidas. El desafío aparece cuando la construcción de esos relatos reemplaza la discusión de propuestas o convierte las diferencias políticas en enfrentamientos permanentes.
La ciudadanía, por su parte, enfrenta la necesidad de desarrollar una mirada crítica frente a los mensajes que recibe. Conocer las estrategias de comunicación, identificar sus objetivos y contrastar sus afirmaciones permite participar de manera más consciente en los asuntos públicos.
La presentación de Espejo para príncipes deja planteada una reflexión que trasciende a sus autores: la política continúa convocando cuando ofrece espacios para pensar, preguntar y debatir. En una época marcada por la velocidad de las plataformas digitales, comprender cómo se construyen los mensajes públicos se ha convertido en una herramienta relevante para fortalecer la participación ciudadana.
El futuro de la democracia no dependerá únicamente de quién consiga comunicar con mayor eficacia, sino también de la capacidad de las sociedades para distinguir entre persuasión e información, exigir responsabilidad a sus representantes y mantener abiertos los espacios de diálogo. La comunicación puede contribuir a acercar a gobernantes y ciudadanos, siempre que su propósito no se limite a conquistar la atención, sino también a promover comprensión, confianza y deliberación pública.
