Terremoto en Panamá amenaza siglos de patrimonio histórico y moviliza esfuerzos para rescatar templos y obras religiosas

El sismo del 9 de octubre de 2026 provocó graves daños en iglesias, campanarios y museos de distintas localidades panameñas. Las autoridades evalúan al menos 45 sitios patrimoniales, mientras especialistas advierten que la recuperación deberá proteger tanto las estructuras históricas como las imágenes, archivos y bienes culturales que forman parte de la memoria de las comunidades.

Las consecuencias del terremoto que afectó a Panamá el pasado 9 de octubre continúan revelando la magnitud de los daños ocasionados al patrimonio histórico y religioso del país. Iglesias centenarias, campanarios, retablos, imágenes religiosas y museos presentan deterioros que han obligado a restringir el acceso a numerosos recintos, mientras las autoridades avanzan en evaluaciones destinadas a determinar las posibilidades de recuperación.

La emergencia representa un desafío que trasciende la reconstrucción de edificios. Muchos de los inmuebles afectados forman parte de la historia colonial y republicana de Panamá y constituyen espacios de encuentro, expresión cultural y transmisión de tradiciones que han acompañado a distintas generaciones.

Uno de los casos más significativos corresponde a la iglesia de San Atanasio, ubicada en La Villa de Los Santos, localidad estrechamente vinculada con el proceso de independencia panameño. El templo, cuya construcción corresponde al siglo XVIII, sufrió daños estructurales y en su techumbre, además del derrumbe de la parte superior de su campanario.

La afectación adquiere especial relevancia por el valor histórico del lugar, donde se produjo el Primer Grito de Independencia de Panamá de España, el 10 de noviembre de 1821. La iglesia constituye uno de los referentes arquitectónicos y culturales de una comunidad que conserva importantes expresiones de su pasado.

El historiador del arte y museólogo panameño Orlando Hernández Ying, doctor en historia y crítica de arte, ha advertido que los daños comprometen tanto la estructura del edificio como algunos de sus bienes artísticos.

De acuerdo con su evaluación preliminar, basada en los antecedentes e imágenes disponibles, la cubierta de San Atanasio requeriría una intervención de gran envergadura. También manifestó preocupación por el retablo de la Inmaculada Concepción, que habría sufrido un colapso y necesitaría una recuperación especializada.

La restauración de estas piezas demanda procedimientos distintos de los utilizados en una reparación convencional. Los retablos históricos pueden contener elementos de madera tallada, policromías, dorados y componentes ensamblados cuya recuperación requiere documentación, clasificación y tratamiento por especialistas.

El Ministerio de Cultura de Panamá informó que mantiene seguimiento sobre al menos 45 sitios patrimoniales y de interés cultural afectados por el terremoto.

Entre los recintos que presentan daños se encuentra la catedral de San Juan Bautista, en Penonomé, donde parte de una torre campanario resultó destruida. El inmueble fue clasificado como inseguro, por lo que su recuperación dependerá de evaluaciones técnicas que permitan determinar las condiciones estructurales y los procedimientos de intervención.

También se registraron afectaciones en la basílica menor de Santiago Apóstol, en Natá de los Caballeros, que presenta grietas, desprendimientos y deterioros en la cubierta y fachada.

La basílica menor Jesús Nazareno de Atalaya, en la provincia de Veraguas, perdió parte de su torre, mientras que la iglesia de San Isidro Labrador, en Soná, sufrió daños de especial gravedad, descritos como un colapso prácticamente total.

Las consecuencias del movimiento sísmico alcanzaron igualmente a instituciones museísticas. El Museo de la Nacionalidad, en La Villa de Los Santos, y el Museo Belisario Porras, en Las Tablas, figuran entre los espacios afectados.

En estos recintos se identificaron grietas, desprendimientos de tejas y desplazamientos de piezas arqueológicas y otros objetos expuestos, situaciones que obligan a revisar tanto las condiciones de los edificios como los sistemas utilizados para conservar las colecciones.

La ministra de Cultura, María Eugenia Herrera, aseguró durante una visita a las zonas afectadas que los templos dañados recibirán atención institucional. Sin embargo, las intervenciones deberán desarrollarse conforme a las evaluaciones de seguridad y a las prioridades que establezcan los equipos técnicos.

Uno de los principales riesgos posteriores al terremoto es que los edificios deteriorados continúen presentando desprendimientos o inestabilidad estructural, especialmente ante posibles réplicas, lluvias y filtraciones.

Por esta razón, las autoridades han establecido restricciones de ingreso a determinados inmuebles, cuya apertura requiere autorización del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc).

La protección de las personas constituye una condición indispensable antes de iniciar cualquier operación de rescate patrimonial.

Hernández Ying ha insistido en que la recuperación de esculturas, documentos y otros objetos no puede realizarse mediante ingresos improvisados a edificios inestables, porque ello expondría a voluntarios y especialistas a riesgos graves.

El problema es particularmente complejo en iglesias que conservan bienes históricos en su interior. Además de altares e imágenes religiosas, estos recintos pueden albergar registros bautismales, documentos parroquiales, piezas de platería, pinturas y otros testimonios de la historia local.

La pérdida o deterioro de estos materiales podría afectar fuentes documentales de valor para la investigación histórica, genealógica y cultural.

El especialista propone desarrollar inventarios detallados que permitan establecer el estado de conservación de los bienes, identificar prioridades y determinar los procedimientos más adecuados para su traslado o recuperación.

También considera fundamental disponer previamente de lugares seguros donde almacenar las piezas rescatadas. Retirar objetos de un templo sin contar con condiciones apropiadas de resguardo puede exponerlos a humedad, manipulación inadecuada, extravío o nuevos daños.

Las operaciones deben considerar las características de cada elemento. No es lo mismo trasladar una escultura de madera que intervenir un altar de grandes dimensiones o una pila bautismal tallada en piedra, cuyo peso y ubicación pueden hacer especialmente peligroso cualquier movimiento.

En este contexto, la conservación del patrimonio requiere la participación coordinada de especialistas en restauración, arquitectos, ingenieros estructurales, autoridades civiles, representantes eclesiásticos y organismos de protección civil.

Otro aspecto relevante es la participación de las comunidades. Los templos históricos no constituyen únicamente bienes arquitectónicos: también son lugares donde se desarrollan celebraciones religiosas, encuentros sociales y manifestaciones culturales que forman parte de la identidad colectiva.

Su valor no depende exclusivamente de la antigüedad de los materiales o de la calidad artística de sus piezas. Existen imágenes y objetos cuya importancia está vinculada con las prácticas y tradiciones que las comunidades han mantenido durante generaciones.

Esta dimensión social plantea la necesidad de incorporar la opinión de los habitantes en los procesos de restauración y recuperación.

En localidades como La Villa de Los Santos, Natá y Penonomé, las iglesias forman parte del paisaje urbano y de la memoria histórica. Su cierre prolongado puede afectar actividades religiosas, culturales y comunitarias que habitualmente se desarrollan alrededor de estos espacios.

Las autoridades culturales panameñas han señalado que la recuperación se organizará por etapas, comenzando por la limpieza, el aseguramiento de las áreas afectadas y la evaluación técnica de cada inmueble.

Posteriormente deberá determinarse si corresponde realizar trabajos de conservación, rehabilitación o reconstrucción, considerando las características arquitectónicas y el estado de los elementos originales.

Según los antecedentes difundidos, se contempla la evaluación especializada de la torre de la catedral de Penonomé por parte de un restaurador español con experiencia en campanarios.

Este tipo de cooperación técnica puede resultar relevante cuando las intervenciones requieren conocimientos específicos sobre sistemas constructivos históricos y materiales tradicionales.

La recuperación también plantea decisiones sobre la utilización de técnicas contemporáneas. En determinados casos, el refuerzo estructural puede exigir soluciones modernas que deben compatibilizarse con la conservación de los elementos patrimoniales existentes.

El desafío consiste en mejorar las condiciones de seguridad sin eliminar innecesariamente las características que otorgan autenticidad histórica y cultural a los inmuebles.

La experiencia internacional demuestra que la reconstrucción patrimonial posterior a desastres naturales requiere planificación, financiamiento, documentación y procesos de intervención que pueden extenderse durante varios años, dependiendo de la magnitud de los daños.

En Panamá, las decisiones que se adopten durante las primeras etapas serán especialmente importantes para evitar pérdidas adicionales y preservar los elementos que todavía pueden recuperarse.

Hernández Ying ha expresado su disposición a colaborar con las autoridades y facilitar vínculos con especialistas internacionales que puedan contribuir a los trabajos de restauración.

La eventual participación de universidades, instituciones culturales y organismos de cooperación podría ampliar las capacidades disponibles para enfrentar una emergencia que compromete bienes de considerable valor histórico.

El terremoto del 9 de octubre dejó al descubierto la vulnerabilidad de un patrimonio construido y conservado durante siglos. Su recuperación exigirá recursos y conocimientos especializados, pero también una visión que reconozca el vínculo entre los monumentos y las comunidades que les otorgan significado. Reconstruir los templos afectados no será solamente una tarea arquitectónica: representará una oportunidad para preservar la memoria colectiva y fortalecer la protección del patrimonio cultural de Panamá frente a futuras emergencias.

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