Alerta por la ameba “comecerebros” en México: Qué es, cómo se transmite y cuáles son los riesgos para la salud

La muerte de un hombre de 34 años y el cierre de seis lagos en Yucatán han reactivado la preocupación por la presencia de Naegleria fowleri, un microorganismo que habita principalmente en aguas dulces cálidas. Aunque las infecciones son extremadamente raras, pueden provocar graves daños cerebrales y presentan una elevada mortalidad. Especialistas explican cómo reconocer los síntomas y prevenir el contagio.

La presencia de la ameba Naegleria fowleri, conocida popularmente como “comecerebros”, ha generado preocupación sanitaria en el estado mexicano de Yucatán, donde las autoridades dispusieron el cierre de seis lagos tras detectarse este microorganismo. La medida se produjo después del fallecimiento, en septiembre, de un hombre de 34 años que había trabajado como instructor de esquí acuático y que desarrolló una grave infección cerebral asociada a la ameba.

El caso vuelve a poner en discusión los riesgos que pueden presentarse en determinados ambientes acuáticos, especialmente en zonas de temperaturas elevadas. Aunque las infecciones por este microorganismo son poco frecuentes, su evolución puede ser extremadamente rápida y provocar consecuencias fatales.

De acuerdo con información difundida por Deutsche Welle, basada en antecedentes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y del Instituto Robert Koch de Alemania, la Naegleria fowleri es un organismo unicelular que vive naturalmente en aguas dulces cálidas y en el suelo, alimentándose principalmente de bacterias.

Su presencia se relaciona especialmente con lagos, ríos, estanques y otros cuerpos de agua dulce ubicados en regiones tropicales y subtropicales. También puede encontrarse durante los meses cálidos en zonas de clima templado, particularmente cuando las temperaturas del agua aumentan de manera natural o por actividades humanas.

Según los CDC, este microorganismo se reproduce favorablemente a temperaturas cercanas a los 46 grados Celsius. En determinadas circunstancias también puede encontrarse en piscinas insuficientemente desinfectadas o en sistemas de agua contaminados. En cambio, no habita normalmente en ambientes de agua salada.

Uno de los aspectos más importantes para comprender esta infección es su mecanismo de transmisión. A diferencia de otras enfermedades asociadas al consumo de agua contaminada, la Naegleria fowleri no provoca infección cerebral por beber agua. El riesgo aparece cuando el agua que contiene la ameba ingresa por la nariz, situación que puede ocurrir al nadar, sumergirse, practicar deportes acuáticos o realizar lavados nasales con agua que no ha sido tratada adecuadamente.

Una vez que ingresa por las fosas nasales, el microorganismo puede desplazarse hacia el cerebro siguiendo las estructuras relacionadas con el nervio olfatorio. Allí provoca una infección denominada meningoencefalitis amebiana primaria (MAP), caracterizada por una inflamación cerebral grave y la destrucción progresiva del tejido nervioso.

La enfermedad no se transmite de persona a persona ni mediante el contacto cotidiano, la respiración o las gotículas expulsadas al hablar o toser. Por ello, la prevención debe concentrarse principalmente en evitar que el agua potencialmente contaminada ingrese por la nariz.

Los primeros síntomas pueden confundirse con otras enfermedades infecciosas. Entre las manifestaciones iniciales se encuentran dolor intenso de cabeza, fiebre, náuseas y vómitos. Posteriormente pueden aparecer rigidez de cuello, alteraciones del comportamiento, confusión, convulsiones y dificultades neurológicas que avanzan rápidamente.

El período de incubación puede extenderse aproximadamente entre tres y catorce días, aunque los síntomas suelen comenzar antes. Una vez iniciada la enfermedad, su progresión puede ser acelerada, por lo que el reconocimiento temprano y la atención médica inmediata son fundamentales.

Las estadísticas reflejan la gravedad del cuadro. Según los CDC, la meningoencefalitis amebiana primaria presenta una mortalidad cercana al 97% de los casos registrados. Sin embargo, este porcentaje debe interpretarse considerando que se trata de una enfermedad extraordinariamente infrecuente y no de un riesgo habitual para quienes realizan actividades recreativas en el agua.

El tratamiento requiere atención hospitalaria especializada y la administración de una combinación de medicamentos. Entre los utilizados se encuentran la anfotericina B, la rifampicina y la miltefosina, junto con otras medidas destinadas a controlar la infección y sus complicaciones neurológicas.

Algunos pacientes han sobrevivido mediante tratamientos combinados iniciados oportunamente, aunque la escasa frecuencia de la enfermedad dificulta la realización de estudios clínicos amplios que permitan establecer esquemas terapéuticos con resultados uniformes.

Frente a este escenario, los especialistas recomiendan adoptar medidas preventivas sencillas, especialmente durante actividades recreativas en aguas dulces cálidas. Entre ellas se encuentran evitar que el agua ingrese por la nariz, utilizar pinzas nasales cuando corresponda, reducir las inmersiones en lugares de riesgo y evitar remover sedimentos del fondo en sectores poco profundos.

Asimismo, para realizar irrigaciones o lavados nasales se debe utilizar exclusivamente agua destilada, estéril o previamente hervida y enfriada siguiendo las recomendaciones sanitarias. El agua corriente no tratada adecuadamente no debe introducirse directamente en las fosas nasales.

En el caso de piscinas y otras instalaciones recreativas, resulta fundamental mantener procedimientos adecuados de limpieza, desinfección y control de los niveles de cloro, conforme a las exigencias de las autoridades sanitarias.

La posible relación entre el cambio climático y la expansión de estos microorganismos constituye otra materia de interés científico. El aumento de las temperaturas ambientales puede favorecer el calentamiento de cuerpos de agua dulce, creando condiciones propicias para especies que prosperan en ambientes cálidos.

Según los antecedentes recogidos por Deutsche Welle, en Estados Unidos se han identificado infecciones en zonas más septentrionales que aquellas donde tradicionalmente se concentraban los casos. Esta situación refuerza la necesidad de mantener vigilancia epidemiológica y desarrollar investigaciones sobre la distribución geográfica del microorganismo.

No obstante, los especialistas advierten que la presencia de Naegleria fowleri no significa que toda actividad acuática represente un peligro elevado. Los registros estadounidenses muestran que entre 2013 y 2022 se notificaron 29 infecciones por meningoencefalitis amebiana primaria, mientras que los fallecimientos por ahogamiento superaron las 4.000 personas en un período comparable, de acuerdo con los datos citados en el informe.

Esta comparación permite dimensionar adecuadamente el riesgo y evitar interpretaciones alarmistas. La ameba representa una amenaza sanitaria grave cuando produce infección, pero su incidencia continúa siendo excepcionalmente baja.

El cierre preventivo de los seis lagos en Yucatán pone de manifiesto la importancia de la vigilancia de los espacios recreativos y de la comunicación oportuna entre las autoridades sanitarias y la ciudadanía. También evidencia que la prevención depende tanto de las medidas institucionales como del conocimiento público sobre las vías reales de transmisión.

Para América Latina, donde numerosos países cuentan con regiones tropicales, subtropicales y ambientes acuáticos cálidos, la información científica constituye una herramienta fundamental para promover prácticas recreativas seguras sin generar temor innecesario.

La principal recomendación es reconocer que una infección de estas características exige atención médica urgente. Si una persona presenta fiebre, dolor de cabeza intenso, vómitos o rigidez de cuello después de haber estado expuesta a aguas dulces cálidas, debe acudir inmediatamente a un establecimiento de salud e informar sobre esa exposición.

La prevención, el acceso oportuno a servicios médicos y la información sanitaria confiable siguen siendo las herramientas más importantes frente a una enfermedad poco frecuente, pero potencialmente mortal. Conocer cómo se transmite permite adoptar precauciones razonables, proteger la salud y evitar que el desconocimiento se transforme en un riesgo adicional.

Fuente: Deutsche Welle (DW), artículo de Julia Vergin publicado el 16 de octubre de 2026, con antecedentes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y del Instituto Robert Koch de Alemania.

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